“Dos pájaros de un tiro” por Erena Hernández.
Revista
Revolución y Cultura. Cuba No. 4 / 2004.
En las películas del sábado por la noche,
cuando el mafioso va a realizar el trabajo que le han encargado –eliminar a
alguien--, suele aclararle antes: “no es nada personal”. Al referirme a
personas específicas (a quien en lo personal aprecio y respeto), asumo la frase
mafiosa.
Resulta
paradójico que en mayo del 2004, Nelson Herrera Ysla organizara en el Centro de
Arte Contemporáneo Wifredo Lam la exposición Mayo abstracto (“movida de raíz
abstraccionista”), asumiéndola como una
renovación en el panorama artístico, y que en octubre del mismo año expusiera a
Lisbet Fernández, con una obra que contradice lo anteriormente defendido, pues
al presentar la muestra admitió que con la figuración, con el cuerpo, todavía
se pueden decir muchas cosas nuevas.
Recordemos también que en
Lo
verdaderamente lamentable es forzar las cosas. Una vez me referí en Revolución
y Cultura a algo semejante, en un texto que titulé La bommanía. Ahora se
defiende un falso boom de la abstracción. Por cierto, la que se hace –en
sentido general, salvo excepciones--, es de un mal gusto galopante y, sobre
todo, decorativa a más no poder. Parece más bien la intención de acceder al
mercado por la vía más fácil, y con ella sí no se ha dicho nada nuevo.
En las
revistas Arte Cubano No. 1 del 2001, págs 14-18, y en
En Cuba la
abstracción nunca ha sido un movimiento fuerte, con la salvedad de su período
de eclosión en los cincuenta y a inicios de los sesenta. Pero siempre ha habido
artistas haciendo abstracción, en todas las épocas, al igual que ahora. También
es de lamentar el interés en una fotografía abstracta, cuyos autores caen en el
ramplón lugar común de sobredimensionar detalles baladíes . Mabel Llevat
(cocuradora de Mayo abstracto), realizó en febrero del 2002 El arte no es para
entenderlo, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (Premio de Curaduría del III Salón de Arte
Cubano Contemporáneo, 2001). En otro contradictorio y discutible texto,
defiende este tipo de foto que, por cierto, tampoco aporta nada nuevo. Hay
mucha tela por donde cortar en todo esto.
Sentido
tituló Lisbet Fernández la muestra en el Lam, dos instalaciones escultóricas
que funcionaban como una unidad. De Vocación de aprendíz, exposición que en
1998 le permitió defender su tesis para graduarse del ISA, al presente, ha
transcurrido poco tiempo y su obra ha ido ganando sustancialmente.
En los medios
del arte contemporáneo existen prejuicios sobre el tratamiento realista de la
figura. Por eso, de inicio, la obra de Lisbet tiende a desconcertar, a recibir
miradas un tanto desdeñosas. Pero la sensación de realismo pierde su carácter
protagónico cuando uno se percata de que ella hace una suerte de bosquejos de
la figura humana. No le interesa, digamos, la perfecta estructura ósea de la
cabeza, académicamente hablando, su preocupación se centra en resaltar la
profundidad de la mirada, la actitud, el gesto, la pose. Con ello alude a temas
universales, que tienen que ver con aspectos de la condición humana, con cuestiones
psicológicas de las relaciones interpersonales.
Las piezas de
Lisbet reflexionan sobre conductas específicas de los adultos, pero escoge
expresar sus intenciones a través de figuras de niños para que sus mensajes
ganen en fuerza. Los adultos saben esconder sus sentimientos, sus emociones, al
reaccionar ante determinada situación. Sus rostros pueden ser una máscara
inexpresiva, decir lo que no están sintiendo. Los niños son desenfadados,
desconocen palabras como tacto, hipocresía, disimulo. Ante lo que les molesta o
desagrada reaccionan desprejuiciadamente. Resultan espontáneos, sinceros, al
punto de –en ocasiones—colocar en apuros a los adultos. Dan rienda suelta a lo
que piensan y punto.
Lisbet
proviene de Camagüey, tierra de tradición alfarera. Quizá por eso fue natural
su inclinación hacia el barro. Ella se aferra a la terracota, que le permite
establecer un paralelo entre la fragilidad del niño y la del material. Le atrae
acentuar con el barro la relación con lo moldeable, lo fértil (la tierra), lo
primigénio... De ahí venimos, ahí volveremos.
En lugar de
afiliarse a los materiales convencionales y más legitimados en la escultura
como el mármol, el bronce, etc, Lisbet prefiere el humilde barro, que
tradicionalmente se asocia a lo artesanal, a la cultura popular. Sin embargo,
conforma piezas sofisticadas, cargadas de connotaciones.
En un área
aparecen cinco parejas de niños en diferentes actitudes. Cada pareja está
separada por un cristal. Ellos se ven pero no podrían tocarse. Tiene que ver
con el diálogo, la comunicación con el otro. Lo común es comunicarse por la
palabra o por el tacto, pero aquí una barrera transparente lo impide, haciendo
referencia a las propias barreras que interpone cada individualidad a modo de
resguardo.
La otra zona
muestra a dos niños colocados debajo de mangos de sombrillas que cuelgan del
techo. Ambos miran hacia arriba, uno levanta la mano. El comentario refiere al
camino para alcanzar algo, a orientarse, la dirección hacia algo. Ambas piezas
son unificadas por el título de Sentido, término de múltiples acepciones y
sinónimos. De modo que cada espectador puede realizar su propia lectura, según
su percepción.
Antes
mencioné que la obra de Lisbet ha ganado. Poco a poco ha hecho un trabajo de
depuración de cualquier objeto que pudiera distraer la atención. Eliminó
biberones, ropa, corralitos,etc. Se concentra en la figura como elemento
expresivo concreto, focalizando en una expresión, en un gesto. Las piezas se
han vuelto más sintéticas.
Existe una
tendencia internacional en el arte a crear obras que suelen tildarse de
minimalistas, tomando por extensión la parquedad de ese modo expresivo,
aplicándolo a otro tipo de obra, en el sentido de intentar decir mucho con
pocos elementos. Desde ese punto de vista la obra de Lisbet se ha encaminado
hacia un minimalismo que le permite crear metáforas sobre temas de la
existencia humana con mucha más efectividad que al principio de su carrera.
Lisbet es una
muchacha de actitud humilde ante la vida, y enfrenta su trabajo desde una
postura de tratar de crecer cada día, lenta pero perseverantemente.
Intenta descubrir nuevos caminos.
Sorprende la terracota mezclada con sombrillas, cristales, relojes o cualquier
objeto que le venga a propósito para la idea que necesita transmitir. Ha
expuesto recientemente en México y España. Así es que la “movida” en el arte
cubano no tiene que ver sólo con la abstracción. Lamentablemente, el cambio se
está conduciendo por la vía del facilismo, con obras insulsas como resultado
(suelen verse hasta en artistas con nombre). Por eso he querido matar dos
pájaros de un tiro, al aprovechar un comentario sobre la obra de Lisbet para
dejar abierto un signo de interrogación acerca de la “movida de raíz
abstraccionista”.